Cualquiera es susceptible al fraude

No importa si usted tiene 60 años u 85, si está jubilado o no. No importa si usted visita a sus padres mayores cada día o si confía en el cuidador que usted ha seleccionado. Cualquiera está expuesto a la explotación financiera de los mayores.

Lea esta historia para ver cómo un ciudadano muy inteligente y muy capaz no estuvo a la altura de un estafador decidido a cometer fraude.
 
El comandante
A sus saludables 85 años de edad, el comandante Dickson puede pasar fácilmente por diez años menos. Como militar de carrera, ahorró con cuidado todos esos años y tenía suficiente dinero y bienes acumulados para cuidar a su familia por muchos años.
 
La esposa del comandante
Cuando la esposa del comandante cayó enferma, él se dio cuenta de inmediato que no sólo iba a requerir cuidados diarios, sino que no se los podría brindar él solo. Se puso en contacto con una agencia de servicios de cuidado en casa para encontrar a un cuidador para su esposa. Elaboró una lista de requisitos, pero ¿cuál era el más importante? Que cualquiera que contratara, debía someterse a investigaciones rigurosas antes de encargarse del cuidado de su esposa.
 
La cuidadora
Por fin, la agencia encontró al candidato perfecto en Lisa. La competencia y experiencia de Lisa pronto se hicieron evidentes. El comandante se tranquilizó por tener tan buena ayuda.

Extraña discrepancia
El proceso del comandante para pagar a Lisa era sencillo: la agencia de cuidados deducía el sueldo de Lisa directamente de las cuentas de fideicomiso del comandante. Lisa registraba sus horas en una hoja por triplicado, que el comandante revisaba, firmaba y guardaba la copia de encima, Lisa daba las otras dos copias a la agencia de servicios.
 
Sin embargo, cuando el comandante revisó la cuenta del fideicomiso y la información de las facturas, las cosas no cuadraban. Él sabía aproximadamente cuántas horas trabajaba Lisa. Sabía cuánto le cobraba la agencia por las horas de Lisa. Sin embargo, cada vez que multiplicaba ambas cifras, el resultado era una cifra de unos $200 menos que las facturas en realidad le habían cobrado.
 
Perplejo, el comandante empezó a revisar las cuentas anteriores y descubrió que, en cada periodo de paga, las facturas eran más altas que lo que él habría esperado por el cuidado, con frecuencia entre $150 y $200 más altas.
 
Al hacer una investigación más completa, el comandante descubrió que, después de firmar la hoja por triplicado, Lisa cambiaba las otras dos copias para aumentar las horas trabajadas antes de entregar a la agencia su hoja de tiempo. Al examinar los tres años anteriores, el comandante llegó a la conclusión de que le habían defraudado unos $40,000.
 
Si bien el comandante estaba preocupado por su dinero, su mayor disgusto fue la traición de su confianza.
 
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